|
El Bhardo Thodol
El Bhardo Thodol o libro tibetano de los muertos, forma parte de una antiquísima tradición esotérica, que ponían en práctica los monjes Lama, en el Tibet. Su función consistía en orientar a la persona a punto de morir para que hallase el camino de la liberación. En un principio, el Lama entonaba sus recomendaciones al lado mismo de la cabeza del moribundo, todo ello, como si fuese un cántico, en el que resulta imprescindible saber dar la entonación correcta, que por supuesto, sólo se transmite de manera iniciática. Cuando el espíritu abandona el cuerpo, el monje le sigue dando consejos. La pronunciación en esta parte, es ya diferente, casi diríamos que suena a un mantram. Ahora ya se comunica directamente con el espíritu. Contemplemos esta escena como si estuviéramos presentes. El Lama dirigiéndose al moribundo: -Si recibiste la enseñanza de tu maestro, no la olvides, procura que esté lúcida en tu memoria. Guarda en todo lo que puedas la claridad de tu espíritu. Si notas que cierto abatimiento te presiona, no te dejes arrastrar; tampoco por la calma, ni por cualquier sensación de sufrimiento. No dejes que el torbellino esparza tu conciencia, no te abandones, ten presente que tu esencia va a entrar en el Bhardo, intenta pasar con pleno entendimiento. La luz fulgurante, vacía y sin color, debe aparecer para envolverte, que el temor no te haga retroceder o perder el conocimiento, sumérgete en esa Luz. Rechaza toda creencia sobre tu ego, toda tu anterior personalidad, libera al no-Ser en el Ser, pero ante todo, no pierdas la sensación de ti mismo. Cuando el agonizante expulsa al fin su alma, el Lama grita tres veces la palabra de oscura procedencia: ¡Hick!. Luego dice ¡Phet!, una sola vez. A partir de ahora el recitado es como dije al principio. El Lama llama por su nombre al muerto y le dice:- Despiertas como de un sueño, has abandonado el cuerpo, pero no sientas temor, ni busques que tus parientes te oigan. Que no te atraigan los objetos que fueron de tu pertenencia, ya no puedes moverlos, ni utilizarlos. Mira tu cuerpo y cerciórate, mas no experimentes atracción por él. A partir de ahora te envolverán sueños, algunos agradables, otros tristes, estate atento, pues de ellos podrás entender tu liberación. Tu personalidad se está desmoronando, todo lo que llega hasta ti a través de los sentidos, se te manifiesta ahora, mas no es real. Por tus ojos llegaron imágenes; ahora también las ves. Por tus oídos, el sonido. Por tu nariz, los olores que percibes, y por tu paladar, el gusto, pues ahora también experimentas sabores, aunque todo es ilusión. No te adhieras a estos sueños, sé indiferente a ellos. Si por el contrario, tu vida terrena estuvo llena de buenos sentimientos hacia los demás, de buscar la verdad e imitar la vida de los grandes avatares, ahora es probable que te encuentres con ellos. Llegarán envueltos en una atmósfera de luz azul clara, muy potente, no te asustes ante su poder, mantente firme, sin huir, contempla el rostro de los bodhisattwas, y ten confianza en aquel que ilumina (Vairochana) y en el inmortal Dodji Sempsa. Por la virtud de tu esencia, la liberación te puede llegar en ese momento. Como tampoco fuiste perfecto y la maldad en sus múltiples formas te tentó, verás alrededor de ti las manifestaciones de tus sentimientos voluptuosos, odios y vilezas. Todas estas tendencias tuyas ahora las ves con forma y se presentan amenazantes, son horribles, tanto que te hacen retroceder, el pánico te invade y entre el tumulto de ruidos ásperos y destellos abominables, llegan sus voces; alguien pide que te maten, que te hieran. Las Dakini de ojos azules dan vueltas a tu derredor, te echan lazos con la finalidad de que tu mismo te inmovilices, pues nada de lo que estás viendo es real, todo es forma sin contenido, no les temas. Recuerda que también viste el rostro de los grandes Budhas, todo esto coexistía en tu cuerpo terrenal, pero ahora, al momento de la liberación, todo se disgrega y se mantiene mientras exista energía suficiente para ello. Las deidades terroríficas: Shindje Shedpo, Tamdrín, Nampargyalawa y Dutsikilwa, favorecen esta visión espeluznante, son los que castigan tu conciencia. Si te percatas que todo esto es creación tuya, sentirás un fuerte choque y tu cuerpo etéreo o astral, se desprenderá, así te sentirás liberado de un lastre. Ahora disfrutas de poderes que antes no tenías, podrás desplazarte a cualquier rincón del mundo con sólo desearlo, mas no debes hacerlo, ni frecuentar lugares conocidos que involuntariamente tiran de ti. Si por el contrario no lograste esta percepción y necesitas sentir la falsa sensación de individualidad que otorga el cuerpo denso, no conseguirás evitar que las oquedades de resplandor rojo te atraigan, son las matrices del mundo físico. Si te arriesgas a seguir por el camino de luz opaca, entre rayos multicolor que bañan el caos donde se encuentran las amenazantes deidades del mal, entre éstas verás un sendero recto y blanco que las atraviesa. Si decides ir por él, terminarás en la esfera de los dioses, pero si previamente no aceptaste volver a encarnar, no te conviene. Las moradas felices son irreales, transitorias, semejantes a pompas de jabón sobre un mar agitado, ascienden en oleadas hacia dentro y fuera de nuestro espíritu, igual te hacen feliz al ascender e infeliz al descender. Todo esto en oposición o beneficio de las entidades allí presentes. Pero, si seguiste el camino hacia la morada de los dioses, pudiste descansar, pero siendo las energías duales, tal vez absorbiste celos o envidias, con lo cual, te atraerá el rayo de color verde, resiste tu impulso y no vayas, ya que éste conduce a lo Lha ma yin, que son los gigantes en perpétua lucha contra los dioses, ese, no es lugar para ti. Si vieras un rayo de color oro pálido que se pierde en lejanías increíbles, no lo sigas, pues conduce al lugar que acabas de abandonar, no sientas su hechizo, recuerda los sufrimientos pasados, las angustias de la enfermedad, las pérdidas de personas queridas, el sufrimiento de la decepción y la escasez. ¡Despréndete! Y no sientas por él aversión, ni atracción, que nada te ligue a él. Si tu estado es pesado, con tendencia al abandono, verás un rayo azul grisáceo que conduce al mundo de los animales, mundo desdichado, al carecer del conocimiento liberador, no te dejes arrastrar por la inercia, sobreponte y apártate. El rayo rojo sombrío se comunica con el mundo de los genios, las hadas y entidades de los bosques, que sufren por necesitar algo que no pueden lograr, precisamente, por ser lo que son. Recuerda a los bodhisattwas, siente buenos deseos hacia todos; si temes, atrae el recuerdo de tu gurú, y a través de los pensamientos puros a él agregados, lograrás apartarte de ese camino. Cerca de este sendero hay otro de color humo, sombrío y oscuro, es el que penetra en los infiernos donde la duración de la vida es larga, agotadora y en perpetuo sufrimiento. Domina tu espíritu, no dejes que se asuste, ni se inquiete siquiera, reúne tus fuerzas y sal de ahí. Aunque todo lo que ves emana de lo que fuiste, debes ir desprendiéndote de cuanto malo acumulaste, y a ser posible, reunirte con las energías positivas. Si a causa de los impulsos egoístas y malvados que en la vida tuviste, te sientes aturdido, trata de comprender que el cuerpo sutil que ahora tienes, viene arrastrando deseos y ansiedades propias del cuerpo físico, te atosigan aunque no te des cuenta, pues esos deseos buscan tu vuelta al mundo denso. Esa sensación de angustia, de extraña sed, te hace ver un desierto sobre el que deambulas, pisando sus quemantes arenas. Por el camino, puedes percibir un chorten (monumento religioso) o bien, un puente cubierto y tu anhelas descansar a su cobijo, pero cuando entras, te das cuenta que no estás solo, hay monstruos horrendos buscando hacerte daño. Estridentes alaridos y chirridos metálicos se suceden en una vorágine alucinante. Cuando al fin lograste evadirte de esas visiones, seguiste un camino tranquilo, por este lugar podrás ver palacios construidos en oro y plata con adornos de piedras preciosas. Están bañados en una suave claridad blanca, entra si puedes, ya que estos palacios son las matrices simbólicas que comunican con el mundo de la felicidad. Si te ves obligado a seguir camino por culpa de tus malas acciones, encontrarás un bosquecillo verde de agradable fragancia, hermosos frutos cuelgan de sus árboles, no los comas, y procura retroceder. Lo que te aparece como un bosquecillo verde de apetitoso alimento es la matriz del agitado mundo de los guerreros Lha ma yins. También cruzarás extensiones de matorrales secos y espinosos, apártate, ya que son las matrices de los seres desdichados y perpetuamente hambrientos. Verás grutas y cavernas, unas de aspecto agradable que te sugerirán descanso y otras llenas de polvo y oscuridad. Cuídate de entrar en ellas. Las primeras conducen al reino animal, y las oscuras al mundo de las tinieblas donde el sufrimiento constante es necesario para la total purga y de las que difícilmente se sale, tras prolongada estancia. Más adelante verás un paisaje maravilloso, una rivera de blanda hierba con un río o lago de aguas tranquilas meciendo sus orillas, este lugar es la matriz que comunica con el mundo de los hombres, no debes detenerte, reprime tu deseo. No obstante, los recientes recuerdos agitan el cuerpo sutil que ahora posees y con sólo mirar en tu derredor verás a parejas haciendo el amor, quizá te entre ganas de ser uno de ellos; si sientes aversión por el sexo femenino, encarnarás como mujer, si lo contrario, como hombre. Si logras evitar ser atraído por el sexo, te encontrarás ya cerca del final. Frente a ti aparecerá Shin Dje, el señor de los muertos. En vano intentarás mentirle, ocultar tus malas acciones, pero de nada te servirá ante el espejo que el dios lleva consigo. Escucha ¡OH espíritu!. Que cuanto ves, son ilusiones de tu anterior existencia, el espejo que el Señor de la Muerte te presenta no es otra cosa que la manifestación de tu conciencia, y eres tu quien te está juzgando. Todas las formas terribles que aún van siguiéndote, nacerán contigo y serán los impedimentos con los que deberás luchar. Aún hay más, entiende que fuera de tus ilusiones, no existen ni jueces ni dioses, ni demonios, todo emana de tu actividad creadora, compréndelo y ¡Libérate!.
Adolfo Cabañero |
|---|